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Cuando los ancianos prefieren ir a una residencia

Tot aquells temes que afectin a la gent gran però no es puguin incloure en els apartats anteriors. / Todo aquello que afecte a los Mayores pero que no se pueda incluir en los apartados anteriores

Cuando los ancianos prefieren ir a una residencia

EntradaAutor: fatec » dc. feb. 06, 2008 11:50 am

http://www.lavanguardia.es/
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Cuando los ancianos prefieren ir a una residencia
Los centros se alejan de la imagen de asilos, pero son inasequibles para muchas familias

NÚRIA ESCUR - Barcelona

Tienen capilla, biblioteca, podólogo, peluquería, rehabilitación, servicio médico... incluso morgue. en el mismo edificio. impecable. Pero al alcance de pocos.

Catalunya cuenta con siete veces más plazas en residencias privadas que públicas. Según los últimos datos del Departament d´Acció Social i Ciutadania, hay unas 86.066 plazas residenciales registradas en toda Catalunya. De ellas, 54.400 son de titularidad privada. Y sólo 8.195 son públicas. El resto cuentan con una ayuda de Acció Social.

El precio de una plaza en una residencia pública es oficialmente de 1.308 euros mensuales. Pero hay residentes que llegan a pagar 2.000. En una vivienda tutelada, el coste se cifra en 298,50 euros mensuales. Y si se escoge un Centro de Día, el precio estipulado es de 24,70 euros por día.

"Venir aquí fue una de las mejores decisiones de nuestra vida", explica Dolors Marceló Ghernar. Hace cuatro años que vive, con su esposo Francesc Balius Soler, en la Llar Sant Jordi parada Montbau,bromean. Para primavera éste será un centro asistencial y de día pionero en muchos aspectos. Actualmente permanecen en él unos cien residentes.

A veces, el ingreso en una residencia de la tercera edad no es sólo una opción. Es la mejor opción. Esta afirmación que hace unos años podía ser mal vista se va afianzando aunque deba acompañarse de matices. Primero, persiste en la memoria colectiva un amplio catálogo de experiencias nefastas en residencias y geriátricos. Segundo, a priori, el mejor modo de acabar nuestros días parecería ser al lado de la familia.

Pero hoy emerge una percepción distinta de lo que se entendía hace décadas por residencia.Cuando decidir o acordar el ingreso de un familiar solía interpretarse como un acto deleznable sinónimo de desafecto. ¿Pero no habrá llegado el momento de desculpabilizar esta opción? En la mayoría de casos el ingreso ya no se gesta como un abandono sino como la mejor solución asistencial posible.

Habitación 227. Dolors y Francesc tienen un hijo que siempre se ha preocupado por ellos. A pesar de esa disposición un día decidieron libremente irse a una residencia. "Él no nos ha dejado nunca - explica Dolors- y curiosamente soy yo la que tengo la sensación de que le he abandonado".

- ¿Qué les dijo su hijo cuando le anunciaron el ingreso aquí?

- Le supo mal. Bueno, hay amigos que todavía hoy no han entendido por qué vinimos. Se quedaron anclados en el antiguo concepto de asilo.Esto es otra cosa. Deberían probarlo.

- ¿Se arrepienten?

- Nosotros no queríamos ser una carga para nuestro hijo, hipotecarle. Estuvimos meditando. Y hoy estoy segura que acertamos.

Ella sabe bien lo que es cuidar de mayores. Lo hizo con su primer esposo, enfermo durante dieciséis años, y con dos de sus tías. No quiere que su hijo pase por ello. "Me llama cada día a las 9 de la noche. Y cada domingo viene a comer con nosotros. No necesitamos más".

A Francesc le cuesta moverse. Le han operado y necesita la silla de ruedas. "Aquí ha encontrado unas cuidadoras magníficas. Si nos hubieramos quedado en casa, ahora mismo yo andaría loca del mercado a la farmacia cada día y pagando un asistente".

Vivían en la calle Santaló. Ella, regentando la tienda de género de punto. Él, tras el mostrador de una tienda de arte religioso primero, en una ferretería después. "Lo único que a veces me cuesta - puntualiza Dolors- es supeditarme al horario. Aquí se cena demasiado pronto". A las siete se levantan. Alas 9 desayuno, juegos mentales, sopas de letras, paseos, taller de memoria. A las dos la comida, siesta, música - "el hijo nos regaló toda la colección de Pavarotti"-. Televisión. Cena a las ocho, lectura y a dormir.

"Yo se lo recomiendo a toda persona que vea que se hace mayor. Aunque tenga hijos". Lo único que la desasosiega un poco es la economía. "Mi jubilación no cubre lo que pago aquí, 1.280 euros. Tiro de ahorros pero la brecha cada vez será mayor".

Ir a vivir a una residencia por decisión propia también se ha convertido en una opción para personas sin pareja. Es el caso de Matilde, cuyos amores fueron nueve hijos y un piano con el que interpretó a Mozart en el Palau de la Música. Sigue en la residencia y a sus 95 años se recupera de una grave operación. Ya no hace solitarios con su baraja francesa pero todavía, a veces, escucha música con sus auriculares.

El día que decidió irse a la residencia sus hijos se pusieron las manos en la cabeza. ¿Cómo se le ocurría eso? Una hija rompió a llorar y otra se quedó muda. Los chicos pensaron que era una broma. Ocho años después de su recomendación pública - "buscaos una buena residencia antes de que alguien decida por vosotros"- dice, mientras la acompaña una de sus hijas, que "desgraciadamente, mi cabeza sigue muy bien"
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