Hablemos de la soledad del cuidador familiar

La soledad del cuidador familiar que vive encerrado entre cuatro paredes, prestando apoyo y compañía al familiar dependiente y lo que ello conlleva, tiene que ser experimentada en primera persona para saber qué se siente y cuánto nos afecta psicológicamente.

Cuidar de un dependiente, en particular de alguien padeciendo algún tipo de enfermedad neurodegenerativa, es como estar subido con él en una gigantesca montaña rusa, extrema y pletórica de emociones.

Cada día es distinto. Así como cada minuto de éste es diferente. Cuidar y ser cuidado implica experimentar un amplio abanico de sentimientos por ambas partes: amor, compasión, felicidad, paz, angustia, preocupación, estrés, cansancio, irritabilidad, enfado, miedo y nerviosismo serán los más recurrentes.

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